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12 de junio de 2026

Cambios, transformaciones y desafíos del sector de las Comunicaciones

Desde la experiencia de una generación que ha presenciado la transformación del mundo analógico al digital, el autor reflexiona sobre el papel central de las comunicaciones en el desarrollo social. Destaca su evolución, sus tensiones económicas y regulatorias, y su verdadero valor más allá de lo monetario. Finalmente, plantea los desafíos actuales: garantizar que la tecnología sirva al bienestar colectivo, sin sacrificar la libertad ni el acceso equitativo.

Alfredo Fajardo Muriel1

Esta entrada adapta el discurso pronunciado por el autor en el evento “Las transformaciones del sector TIC a lo largo de estos 30 años”2, realizado el 25 de marzo de 2026 en la Universidad Externado de Colombia.


Soy un baby boomer, eso significa que pertenezco a una generación que nació entre 1945 y 1964, soy hijo del siglo XX, es decir, un digno ejemplar del siglo pasado. Por eso quiero describirles resumidamente el mundo que conocí: era un mundo más simple, un mundo en que el trabajo y la vida eran tal vez más difíciles, porque no contábamos con la tecnología que hay ahora y había menos comodidades, pero la gente era más amable, porque la vida diaria era más lenta, tangible, física y palpable. La vida me llevó a ser testigo de los asombrosos cambios que se produjeron en las últimas décadas y me obligó a tener que actualizarme todos los días.


Me parece que las nuevas generaciones hoy viven en un mundo más pequeño y veloz, la
distancia y el tiempo se acortaron, volamos a cualquier lado por una fracción de lo que costaba
un pasaje hace cuarenta años y nos comunicamos con cualquier parte del mundo al instante,
pagando poco. El mundo y la sociedad se simplificaron, para —paradójicamente— volverse
más complejos. La vida se facilitó mediante sus múltiples servicios, pero se volvió más difícil.
Las personas siguen siendo amables, pero ahora son más lejanas y efímeras, lo que más me
sorprendente es que todo se ha vuelto etéreo, intangible, digital y remoto.

Las comunicaciones contribuyeron, contribuyen y contribuirán a esos notables cambios. Desde esta perspectiva soy electromecánico; tuve la oportunidad de conocer y utilizar los servicios que eran la tecnología de punta para mis abuelos, como el télex y el telégrafo. Viví en los tiempos en que las líneas telefónicas eran tan valiosas que se escrituraban con las casas, y por esto más adelante se volvieron servicios domiciliarios. Soy testigo de una época en que las comunicaciones de larga distancia costaban lo mismo que lo que hoy se cobra por un pasaje aéreo nacional o internacional. Y la radio era el único medio de comunicación y entretenimiento para la mayoría de la población.


Presencie cómo se desarrolló la cobertura de los servicios de larga distancia y el contenido, cómo la televisión pasó de tonos grises —y el televidente tenía que imaginarse los colores— a una explosión de gamas que hoy desbordan nuestras capacidades corporales. Asistí al nacimiento de nuevos servicios como la telefonía móvil y el internet, al igual que he tenido que presenciar la muerte de muchos otros como el propio télex, los buscapersonas, el publifax, la radio de onda corta, solo por mencionar algunos.

Soy hijo del monopolio público, pero contradictor y crítico de sus defectos, pese a estar agradecido con el legado que dejó en su momento. Soy orgullosamente uno de los padres de la liberalización, de la privatización y la competencia que se implementó en el sector hace ya más de 40 años. Y ahora, cuando camino inexorablemente a la vejez, soy como un niño que miro con asombro la explosión de la sociedad de la información.


El mundo y las comunicaciones están sujetas siempre a cambios, como los ríos que pasan y
nunca son iguales. Pero hay constantes que permanecen y tienen que permanecer: no se puede olvidar que tanto el mundo como las comunicaciones, están para el disfrute y beneficio de los individuos, sin
distingo de ninguna especie. La humanidad ahora, más que antes, precisa comunicarse de la forma más amplia, extensa, variada, eficiente y económica posible. Para esto existen la intervención, las normas y regulaciones y debe ser el propósito de las instituciones sectoriales prestar un servicio cada vez mejor.


Para salir del monopolio hubo necesidad de hacer cambios institucionales profundos, que de cierta forma sirvieron, pero que recientemente han perdido no solo su norte, sino también su razón de ser. Por esto hay que vigilarlos, conducirlos y estar atentos para que no pierdan su objetivo fundamental, pues si no se actualizan o no corrigen su rumbo es preferible eliminarlas.

El origen del departamento de las TIC fue consecuencia de la desmonopolización, porque no
solo se desmonopolizaron el sector y los servicios, sino que era necesario desmonopolizar y democratizar el conocimiento especializado en la materia. Por estas aulas, en los últimos 30 años, han pasado, han crecido y se han nutrido de ese conocimiento muchas personas, desde nuevas generaciones de distinguidos jóvenes docentes —como los que nos acompañan hoy—, de funcionarios y dignatarios públicos de todas las jerarquías, hasta profesionales independientes, quienes gracias a la democratización del conocimiento han seguido con la investigación, el estudio y la divulgación de estas materias, para beneficio de las futuras generaciones.


En lo económico, el sector de las comunicaciones siempre fue visto como una fuente de riqueza inagotable, una mina infinita de recursos y esto llevó a concebirlo y regularlo de manera extractiva. Yo dudo que esta forma de pensar haya sido correcta, el sector nunca fue rico, pero le vendieron la idea que lo era y, lo peor de todo, fue que lo creyó y empezó a comportarse como tal. En la actualidad tanto el Estado, los operadores y los usuarios están despertando de ese sueño y amanecen enguayabados ante la triste realidad de su pobreza. Sin embargo, la riqueza de las comunicaciones no se mide en dinero, se mide en comunicación, cultura, educación, ciencia, entretenimiento y, en general, como soporte a todas las actividades sociales. Nuevamente, lo importante es que sirva a la humanidad y no cuanto paga la humanidad por ellas.


Son ustedes ahora quienes tienen la carga y el desafío de forjar su propio futuro y el de sus
hijos. No se amilanen ni crean que la tecnología sobrepasa siempre al derecho. No se equivoquen en esto, el derecho es el que fija las bases y permite los cambios del futuro. Tienen el reto de hacer que esas nuevas tecnologías sirvan efectivamente para el bienestar social, cultural, político y económico de la nación. Me asombro todos los días de las infinitas fuentes de conocimiento que existen y están al alcance de todos, pienso en lo mucho que me habrían servido en mis años de juventud y aprendizaje. Por eso hay que promover el uso intensivo de esta basta información para el progreso, la educación, resistirse al empobrecimiento intelectual de las gentes y despertar la costumbre de nunca dejar de aprender, actualizarse y edificar mejores seres humanos hasta su último día sobre la faz de la tierra.


La profusión de contenidos puede servir o no servir, utilizarlos para el bien o para el mal. La
democratización y el derecho del derecho a la comunicación plantean nuevos desafíos que no
pueden ser solucionados mediante el constreñimiento, la prohibición, la amenaza o la limitación
a las libertades alcanzadas. El faro de la libertad siempre se alimenta de la historia y la verdad,
por consiguiente hay que protegerlo y promoverlo.


Finalmente el monopolio de las comunicaciones fue abolido de casi todos los confines de la
tierra, no se puede volver a él y mucho menos al monopolio privado. La infraestructura o redes de telecomunicaciones, al igual que las carreteras para el transporte, son el alma y el camino indispensable de la nueva era, es necesario llevarlas hasta los más recónditos lugares del territorio, costearlas, financiarlas, mantenerlas, para que los beneficios de la sociedad de la información que hemos creado llegue a todos. Eso exige hacer uso eficiente de los recursos para que por el universo viaje el conocimiento, las aplicaciones, las ideas y la información útil y veraz que todos requerimos.

¡La mejor de la suerte para ustedes en esa tarea!

  1. Abogado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, con especialización en Derecho Comercial de la Universidad de los Andes. Asesor y consultor legal sobre servicios públicos y comunicaciones en Colombia y en el exterior. Catedrático universitario con más de 40 años de experiencia en el Sector TIC. Socio Senior de Tovar, Fajardo & Asociados desde 1994. ↩︎
  2. Vea la grabación del evento en: https://www.youtube.com/watch?v=a-kPdlcFCoU ↩︎

*La entrada publicada en el Blog no refleja la opinión del Departamento de Derecho, Comunicaciones y Tecnologías de la Información. El autor es el único responsable del contenido y las opiniones expresadas en la misma*.

*Foto de Ken en Unsplash