Artículos
19 de marzo de 2026

Reflexiones sobre Legal Design Thinking y Legal Tech

Rubén Méndez Reátegui1

¿Puede el derecho ser diseñado como se diseña una aplicación móvil? ¿Puede la tecnología predecir el comportamiento judicial mejor que un abogado experimentado? Sostenemos que “in quadam parte” sí —y que estas no son preguntas del futuro, sino urgencias del presente que nos obligan a retomar la discusión de como operan los órdenes evolutivos (actio humana) versus los volitivos o centralizados. Durante siglos, el derecho se ha construido hacia adentro: normas que hablan a otras normas, procedimientos que se justifican a sí mismos, lenguaje que excluye por diseño. La irrupción de la inteligencia artificial y la exigencia ciudadana de servicios más accesibles han vuelto este modelo insostenible.

Legal Design Thinking: empatía como método jurídico

El Legal Design Thinking no es simplemente «hacer el derecho más bonito». Es una metodología rigurosa que toma prestado del mundo del diseño su herramienta más poderosa: la empatía estructurada. En lugar de partir de la norma y bajar hacia el ciudadano, propone partir del ciudadano y construir hacia la norma. Como hemos mencionado anteriormente en otros espacios, «su enfoque se centra en las necesidades de las personas, proponiendo soluciones jurídicas adaptadas a ellas; en términos simples, implica pensar jurídicamente, pero con un toque de enfoque al usuario y de innovación» (Méndez Reátegui, 2019).

El proceso se articula en cinco etapas:

Empatizar: Antes de definir ningún problema jurídico, hay que entender quién es el usuario del sistema, qué siente, qué le impide acceder a la justicia. No como abstracción estadística, sino como sujeto concreto con barreras reales. Por ejemplo, en derecho laboral, esto significa considerar las emociones de un trabajador en un proceso de conciliación; en derecho administrativo, entender qué impide a un adulto mayor completar un trámite digital.

Definir: Una vez recogidas las experiencias del usuario, se sintetizan en problemas concretos y accionables. No «la justicia es lenta», sino «los adultos mayores no comprenden los formularios administrativos y abandonan sus recursos antes de presentarlos». Esta concreción es lo que hace al método jurídicamente útil.

Idear: El brainstorming jurídico elimina el prejuicio de que solo hay una solución posible. La creatividad colectiva y la colaboración interdisciplinaria generan alternativas que el razonamiento puramente dogmático no alcanza a ver. Preguntas como «¿qué soluciones podrían implementarse rápidamente con recursos mínimos?» o «¿si los usuarios diseñaran su propio proceso legal, ¿cómo sería?» abren horizontes que la dogmática cierra.

Prototipar: Las mejores ideas se materializan en versiones mínimas viables: una guía visual de derechos, un formulario rediseñado, un flujo de atención simplificado. Se prueba antes de implementar a gran escala. En el sector público, esto incluye políticas piloto con creación visual para testear comportamientos y riesgos.

Evaluar: El prototipo se pone en manos de usuarios reales. Se miden sus reacciones mediante encuestas, observación participante y entrevistas. El carácter iterativo del método —se prueba, se ajusta, se vuelve a probar— es precisamente lo que lo hace robusto frente a soluciones legales que se legislan sin testear.

La aplicabilidad de este enfoque trasciende el derecho privado. En derecho tributario, ya se aplica en España para diseñar interfaces de cumplimiento fiscal accesibles. En derecho de familia, puede humanizar las declaraciones de menores en procesos de custodia. En derecho comercial, permite desarrollar contratos visuales en lenguaje claro que las partes realmente comprenden.

Legal Tech: la tecnología como infraestructura jurídica

Si el Legal Design Thinking es la filosofía, el Legal Tech es la ingeniería. Su historia arranca en 1967 con el canadiense Hugh Lawford y su base de datos QUIC/LAW, precursora del actual LexisNexis. Desde entonces, la tecnología jurídica ha pasado de ser una herramienta de búsqueda a convertirse en un ecosistema completo: en 1999 LegalZoom permitió la generación automática de documentos legales; en 2007 Avvo funcionó como marketplace digital de abogados; hoy, las plataformas de resolución de conflictos en línea resuelven disputas de comercio electrónico mediante algoritmos que implementan redes neuronales.

Otro dato relevante, el movimiento Derecho & Economía, ha contribuido identificando que la capacidad de procesar grandes volúmenes de datos (Big Data) para detectar patrones jurisprudenciales y anticipar tendencias regulatorias representa una ventaja estratégica sin precedentes. Pero la innovación más disruptiva son los Smart Contracts: acuerdos autoejecutables inscritos en código sobre tecnología blockchain, cuyas obligaciones se cumplen automáticamente sin necesidad de que ninguna parte las exija. Otro ejemplo preciso: AXA diseñó un seguro de vuelo cuyos contratos se ejecutan solos en cuanto el sistema detecta un retraso, sin que el pasajero tenga que reclamar nada.

Los retos que nadie debe ignorar

No podemos caer en el optimismo fácil. El Legal Design Thinking enfrenta la resistencia cultural de una profesión que no ha incorporado la empatía como competencia. El Legal Tech enfrenta desafíos más estructurales: la brecha digital amenaza con convertirlo en privilegio de quienes ya tienen recursos; la concentración en grandes plataformas tecnológicas abre riesgos monopolísticos que el derecho de competencia deberá atender; y el tratamiento algorítmico de datos personales plantea preguntas éticas que están apenas empezando a responderse.

Dicho lo anterior, nuestra reflexión final es integradora: ninguna de las dos metodologías resulta suficientes per se. El Legal Design Thinking sin Legal Tech carece de la infraestructura para escalar. El Legal Tech sin Legal Design Thinking produce sistemas eficientes pero incomprensibles. La propuesta es una «metodología híbrida» que combine la potencia técnica de la automatización con la sensibilidad humana del diseño centrado en el usuario —porque, irónicamente, los usuarios del Legal Tech exigen exactamente lo que el Legal Design Thinking promete: facilidad de uso, máxima flexibilidad, y diseño adaptado a sus necesidades reales.

  1. Profesor de la Universidad Autónoma de Chile y presidente de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Derecho & Economía (ALACDE). https://orcid.org/0000-0001-8702-5021. ↩︎

BIBLIOGRAFÍA

Méndez Reátegui, 2019 ¿Cómo pueden interactuar el Derecho y el Diseño? https://www.uexternado.edu.co/derecho/como-pueden-interactuar-el-derecho-y-el-diseno/

*La entrada publicada en el Blog no refleja la opinión del Departamento de Derecho, Comunicaciones y Tecnologías de la Información. El autor es el único responsable del contenido y las opiniones expresadas en la misma*.

Imagen en iStock Getty Images