¿Puede la inteligencia artificial ser instrumento de autoría mediata?
¿Puede una inteligencia artificial convertirse en el “instrumento” de un delito? La irrupción de sistemas capaces de tomar decisiones con cierto grado de autonomía plantea un desafío para las categorías tradicionales del derecho penal y abre una inquietante pregunta: ¿es posible hablar de autoría mediata cuando el instrumento ya no es humano?